miércoles, 19 de diciembre de 2012

La tristeza del triste


Como de costumbre, sonó el despertador a las 7 en punto de la mañana, pausadamente como era habitual en él , se levantó y se dirigió al cuarto de baño, mientras miccionaba miraba el color amarillento y algo oscuro de su orina pensando como todos los días lo hacía, que debería beber mas agua y menos alcohol. Después como de costumbre, se echó agua fría en la cara para despejarse y se dirigió a la cocina para encender la cafetera y poner el pan a tostar. Siempre ha sido de la opinión que no hay que salir de casa con el estómago vacío, de esa forma se ve la vida con algo mas de optimismo. Al salir del portal como todas las mañanas, le vino el olor a café del bar que está justo al lado de su casa, un aroma irresistible que te lleva tras  el y tomarte el segundo café de la mañana. Nada mas cruzar la puerta recibió los buenos días del mismo camarero del que se despidió la noche anterior tras tomarse la última cerveza del día.
Al salir del bar se dijo lo mismo que se decía todas las mañanas desde que empezó a vivir solo “hoy es el primer día del resto de mi vida”.
Por fin llegó el día de la liberación total, aunque ya hacia casi un año que estaba liberado de la presión, pero por fin llegó el día con la comunicación oficial y legal que estaba totalmente desligado a la persona. Eso es un gran respiro porque a partir de este momento lo mio es mio y no tengo que rendir cuentas a nadie en mis decisiones, al menos económicamente hablando.

En esta situación y viviendo el día a día, te das cuenta que sigues manteniendo relación con las amistades que están en pareja, pero llega un momento en que aunque sigan manteniendo esa relación y te digan que están ahí para lo que necesites, al principio te llaman o acuden como de costumbre al lugar donde siempre sin decir nada, era el punto de reunión. Como digo llega un momento en el cual ves que acuden a ese lugar de encuentro cada vez con menos asiduidad, que cada vez te llaman menos o eres tu el que tienes que llamar. O sea que te das cuenta que para los amigos que están emparejados vas siendo un estorbo y evidentemente dejas de llamarlos porque lo último que quieres es molestar y no ser un incordio para ellos. Cuando te ven, te dicen "hay que ver que no llamas" y tu piensas "y vosotros porque no llamáis?". Así que cuando tienes una edad y tus amistades están emparejadas eres como un apestado que parece que molesta. Lo he podido comprobar en mis propias carnes. Ahí también es donde ves la hipocresía de la gente.
También otra serie de amigos que mientras tienes algo que a ellos les interesa, no dejan de llamar, para quedar, interesarse por ti.... etc... pero cuando ya dejas de tenerlo, dejas de existir para ellos de la noche a la mañana.
Estas cosas enseñan mucho y es cuando de verdad conoces a las personas que te rodean.

Continuara....................